Marrakech, un viaje a la ciudad roja.

Cuando por vez primera conocí España, visité La Alhambra de Granada y quedé maravillada. Ese estilo árabe, una cultura de contraste a la mía, despertó en mí el interés de conocer más sobre ella. Con esa idea en mente preparamos este viaje a Marruecos, específicamente a Marrakech. La zona norte de África, que no tiene nada que ver con el África de los safaris.


Antes de ir a Marrakech

Cogimos los billetes de avión desde skyscanner, el buscador de vuelos baratos. Desde esta página puedes comparar vuelos en diferentes fechas y ver cual se ajusta a tu presupuesto y tiempo.

Para el hospedaje, reservamos un Riad dentro de la medina (centro de la ciudad). Los riads son casas tradicionales marroquíes, cuyas habitaciones dan hacia un patio central con alguna fuente o piscina. A diferencia de un hotel, estos riads conservan el estilo marroquí tradicional.

Los tours los puedes coger por anticipado vía internet o esperar a contratarlos directamente allí. Nosotros te recomendamos esta segunda opción ya que es más barato.

Llegar a Marrakech

Marruecos se separa de Europa solo por el estrecho de Gibraltar y Marrakech, su ciudad más turística, está a sólo dos horas en avión desde Madrid.

Aeropuerto de Marrakech

Mientras Álvaro me contaba sobre como los árabes se asentaron en España hace 13 siglos, cogimos un taxi para ir a nuestro riad, un petit taxi como lo llaman ahí, que nos costó 70 Dírham (7 euros). Te comento que también hay un autobús que sale del aeropuerto y que por solo 30 Dh (3 euros) te deja en la Plaza Jemaa El Fna, plaza central de Marrakech.

Después de pasar por calles estrechas entre personas, bicicletas, motocicletas e incluso burros llegamos al riad.

Calles de la medina de Marrakech

Nuestra habitación tenía unas puertas enormes, el interior estaba adornada con espejos de marcos dorados, cuadros de mosaicos, candiles con luces muy tenues, alfombras y bañera de piedra. Una decoración de encanto que nos hizo vivir nuestras mil y una noches.

Patio interior de riad. Marrakech.

Riad en Marruecos

Recorriendo Marrakech

Ya por la tarde, salimos a conocer la medina. Primero fuimos andando a la plaza Jemaa El Fna, un espacio por donde pasan todos y donde pasa de todo; desde mujeres ofreciendo tatuajes de henna, hombres que venden dentaduras, monos saltando sobre los brazos de sus dueños, hasta cobras que bailan al sonido de la flauta.

Plaza Jemaa El Fna. Marrakech.

Siempre hay algo que ver en esta plaza; por algo los marroquíes tienen la costumbre de beber té con menta observándola. La terraza de El Café Restaurant France es un lugar más que ideal para verla, así mientras bebes el té, puedes apreciar el atardecer o escuchar el llamado de oración a los musulmanes desde el minarete de la mezquita.

Plaza Jemaa El Fna de noche. Marrakech.

Ya nos habían dicho que los árabes son buenos vendiendo y que, para verlos en acción, había que ir al zoco. Éste es un laberinto de callejuelas llenas de tiendecitas con todo tipo de productos. Es por excelencia un lugar de regateo, donde los marroquíes son los amos y señores de la venta. Siempre tienen alguna que otra estrategia para que les compres.

Solo te puedo aconsejar, para que no te pillen desprevenido, que si te piden 100 Dh por un producto tú ofréceles 50 Dh y verás cómo al final van llegando a un acuerdo. ¡Ah! y no te preocupes por el lenguaje, aunque su idioma oficial sea el árabe y el francés siempre podrás entenderte de alguna manera con ellos.

Zoco de Marrakech

Después de perdernos por las callejuelas del zoco, de creer que salíamos por dónde entramos, regresamos hacia la plaza Jemaa El Fna, que está a 5 minutos andando del zoco, para cenar en el restaurante Letuile, el cual nos lo habían recomendado (está en una calle lateral a la plaza cerca de las casas de cambio). Comimos el famoso tajim especial, que nos costó 60 Dh (6 euros) y que vale la pena probarlo.

Tajim especial

Al día siguiente fuimos a conocer por fuera la mezquita principal de Marrakech “Koutoba”, y digo por fuera ya que pueden entrar en ella sólo los musulmanes.

Koutoba Marrakech

Luego nos dirigimos hacia la medersa Ben Youssef, la escuela musulmana de estudios religiosos más grande e importante de Marruecos. Está a sólo 5 minutos andando de la plaza Jemaa El Fna.

Medersa Ben Youssef. Marrakech.


Camino al desierto

Habíamos quedado a las 10am del día siguiente con la empresa de tour que contratamos. Un tour de dos días que incluía hospedaje, transporte, desayuno, cenas y paseo en dromedario por el desierto, pero no nos dijeron que también incluía la mejor compañía, 1 japonés y 8 árabes que hicieron de este tour un viaje inolvidable.

Empezamos la ruta, varios cientos de kilómetros nos separaban del desierto del Sáhara. Hicimos algunas paradas donde conocimos la fortaleza de Ait Ben Hadu, patrimonio de la humanidad, y que tiene paisajes literalmente de película. Con vistas impresionantes donde predominan los colores de su bandera: rojo y verde. Aquí se filmaron películas como Alí Babá y los 40 ladrones, Gladiator y la joya del Nilo, entre otras.

Fortaleza de Ait Ben Hadu. Marrakech.

Vistas de fortaleza de Ait Ben Hadu. Marrakech.

Puerta antigua en fortaleza de Ait Ben Hadu. Marrakech.

A la hora del almuerzo preferimos siempre hacerlo en uno diferente al que te lleva el tour, ya que la relación calidad-precio no nos parecía buena (restaurantes para turistas).

Continuando con nuestro trayecto, conocimos una casa de artesanos bereberes que se dedican a la confeccionan de alfombras a base de lana de camello y seda de gusano con tintes naturales. Si te animas por alguna tienes muchas facilidades de compra como pago con visa y hasta entrega en tu ciudad de origen.

Artesanos bereberes en Marruecos

Por la mañana siguiente, continuamos el viaje. Después de unos cuantos kilómetros paramos para conocer unas montañas enormes, cuyo desfiladero se conoce como la garganta del diablo.

Desfiladero garganta del diablo. Marrakech.

Conociendo el desierto de Merzouga

Lo mejor empezó cuando llegamos al desierto. Fue una sensación increíble estar en medio del Sáhara, lo había visto muchas veces en películas y aquellas veces lo veía tan lejos… Pero esta vez era real. Ahí estábamos, recorriendo el desierto montados en dromedarios viendo el atardecer, todos en fila, uno tras otro. Fue realmente maravilloso.

Desierto de Merzouga. Marrakech.

En dromedario por el desierto

Mientras paseábamos por el desierto vivimos cierto momento de tensión mezclado con adrenalina, ya que se nos acercaba una tormenta de arena, como si estuviésemos dentro de la película La Momia. Sentíamos como el viento levantaba la arena y empezaba a nublar la visión del desierto y como ésta se nos metía por el cuerpo. Los dromedarios aceleraron el paso para llegar lo antes posible a nuestras jaimas (tiendas de campaña típicas del desierto), donde pudimos refugiarnos de la tormenta de arena que cada vez se hacía más fuerte.

En dromedario por el Sahara. Marrakech.

Tormenta de arena en Sahara. Marrakech.

Se dice que después de la tormenta siempre viene la calma, nunca mejor dicho, así es que salimos a cenar los típicos cuscús y tajim en unas mesas que armaron en medio del desierto. Y, cuando terminamos la comida, la fiesta empezó.

La alegría de los árabes, sus cantos contagiosos, todos reunidos haciendo una ronda sobre la arena. Algunos subimos hacia las dunas para estar un poco más cerca de las estrellas y amar el desierto como lo contaba “El Principito”: Uno puede sentarse sobre una duna sin ver ni escuchar y, sin embargo, siempre hay algo que brilla en el silencio.

Las palabras se quedan cortas para describir las emociones que sentimos en este viaje. Dejamos amigos que siempre llevaremos en el corazón, anécdotas que te sacan miles de sonrisas y recuerdos que siempre vivirán dentro de nosotros.

Posando con bandera del Sahara



Sin duda, regresaremos a Marrakech a visitar amigos, a tomar un jugo de naranja en la plaza Jemaa El Fna, a comprar alfombras, aceite de argán y, sobre todo, a perderme por el zoco y por sus calles de la medina.

Y, si ya has decido que quieres viajar a Marrakech como nosotros, te recomendamos leer nuestros 8 imperdibles en esta ciudad.

Si te ha gustado el post, ¡apóyanos con un like!

Un abrazo.

Gaviotina

¡Síguenos en las redes sociales!

Facebooktwitterrssinstagrammail

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.